Llegó el día y tras varias semanas pensado como ir, al final toca la operación madrugá. 5:00 am y despierto a mi hermano que aún no entiendo como es capaz de levantarse a estas horas sólo por acompañarme. Pocas horas de sueño, tiritona a 4 grados, tres horitas mirando al monte y devolverme sano y salvo a casa, en definitiva, el planazo de fin de semana. Espero que no lea esta entrada, porque tal vez no vuelva.
Tres GPS para llegar al Puerto de la Morcuera (1800 m) y como no podía ser de otra manera, nos perdemos de camino. Bueno finalmente llegamos, un frío que pela y José que aparece en el aparcamiento con su dorsal, pero con la intención clara de no correr. Tan decidido le ví que no insistí. Bueno, será por carreras.
Recojo el dorsal y rebusco una botella de plástico vacía para beber por el camino ya que algo se me tenía que olvidar para no perder la malas formas. Finalmente camino de un contenedor otro corredor me pasa una botella que yo reciclo en un instante.
Salida y a darlo todo. El frío es soportable y poco a poco vamos cogiendo altura en busca de la cuerda hasta coronar La Najarra y después Los Bailanderos (2100 m). Aquí se terminó el agradable fresco para empezar a abonar con moquillo toda la sierra. Recuerdo ahora un maletero lleno de guantes, cortavientos, mallas largas etc.
El freski presente durante toda la carrera parece que hace mejorar los tiempos a cualquiera que no quiera acabar tieso. Por delante queda Cabezas de Hierro (2300 m) y Bola del Mundo a 3 km de meta donde algún grado más y los ánimos del gran mogollón de gente, te llevan en brazos hasta el refugio de Navacerrada donde está ubicada la meta.
Ya en la misma meta con un tiempo de 3 horas, un corredor me dice que le había quitado su dorsal. Yo con cara de poker y pensando más en la isotónica de turno, le hago el caso justo. Tras revisar la inscripción, veo que tenía razón. Ya lo siento, pero a mí que me registren. Creo que es la primera vez que no me piden el DNI para retirar el dorsal. Es el único pero a la organización, porque creo que gracias a ellos, otros lo pasamos de miedo.
Ya a la 13:00 con el estómago algo regulero nos vamos directos para Salamanca. Ni a un mísero bocata invité a Carlos después de su paliza particular. Bueno, le compensaré con una ruta chula de bici y una comida a su altura.